Siena se alza sobre tres colinas en el corazón de la Toscana y es célebre por su centro histórico de ladrillo, por el Palio y por una fuerte identidad de barrio vinculada a las "contrade". La atmósfera sigue siendo la de una potencia medieval, con plazas escenográficas, callejones en cuesta y una tradición gastronómica riquísima.
De origen etrusco y romano, Siena conoció su máximo esplendor entre los siglos XIII y XIV, cuando la República de Siena era una de las principales potencias económicas y artísticas de la Toscana.
El Gobierno de los Nueve, en el poder entre 1287 y 1355, transformó la ciudad con grandes obras públicas y la creación de la Piazza del Campo, impulsando una refinada escuela pictórica y arquitectónica.
Tras la derrota frente a Florencia en el siglo XVI, Siena perdió su independencia pero conservó su extraordinario trazado urbano medieval, hoy reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Piazza del Campo es considerada una de las plazas más bellas de Europa, con su forma de concha y nueve sectores que recuerdan al Gobierno de los Nueve; aquí se asoman el Palazzo Pubblico, sede del Museo Cívico, y la esbelta Torre del Mangia.
Desde la cima de la torre se disfruta de una vista impresionante de los tejados de la ciudad y las colinas circundantes, mientras que en el interior del palacio se admiran famosos ciclos de frescos del siglo XIV.
La Catedral de Santa María de la Asunción es un espléndido ejemplo del gótico italiano, con su fachada de mármol bicolor, suelo historiado y obras de artistas como Donatello, Bernini y Miguel Ángel.
El complejo incluye también la Librería Piccolomini, el Baptisterio, la cripta, el Museo dell’Opera y el llamado “Facciatone”, desde donde se disfruta de una vista particular de la ciudad.
Dos veces al año, el 2 de julio y el 16 de agosto, la Piazza del Campo acoge el Palio de Siena, una carrera de caballos entre los barrios (contrade) de la ciudad, una tradición que hunde sus raíces en el siglo XVII.
El Palio no es solo una carrera, sino la expresión más intensa de la vida de barrio: durante todo el año las contrade organizan fiestas, cenas y celebraciones vinculadas a este evento.
La cocina senesa es rústica y sabrosa: pasta hecha a mano, sopas de pan y verduras, carnes de Chianina y jabalí, acompañadas de vinos como el Chianti Classico y el Brunello provenientes de las colinas circundantes.
Los pici son espaguetis gruesos hechos a mano solo con agua, harina y aceite; se sirven con salsas contundentes como el ragú de carne o de jabalí, o con la sencilla pero intensa salsa "all’aglione" a base de ajo de la Valdichiana y tomate.
Entre los platos más representativos está la ribollita, una sopa de pan duro, alubias y col negra, nacida como plato campesino de aprovechamiento y hoy protagonista de los menús invernales.
Siena es famosa por sus dulces: el panforte, un concentrado de almendras, fruta confitada, miel y especias de origen medieval, y los ricciarelli, suaves galletas de pasta de almendras espolvoreadas con azúcar glas.
No faltan los cantucci de almendras, a menudo acompañados por una copa de Vin Santo, y el "pan co’ santi", un pan dulce con pasas y nueces típico del periodo otoñal.