Montecatini Terme es una ciudad termal de la Valdinievole, reconocida por la UNESCO entre las “Grandes Ciudades Balneario de Europa” gracias a su histórico parque termal, sus aguas curativas y su arquitectura modernista (Liberty) que evoca la elegancia de la Belle Époque.
Las propiedades beneficiosas de los manantiales de Montecatini ya eran conocidas en la época romana y se mencionan en documentos medievales a partir de 1201; durante siglos las aguas se utilizaron como remedio natural para trastornos digestivos y metabólicos.
El verdadero desarrollo de la ciudad termal ocurrió entre los siglos XVIII y XIX, cuando el gran duque Pedro Leopoldo promovió la canalización de las aguas y la construcción de los primeros grandes establecimientos, como el Bagno Regio, las Terme Leopoldine y, sobre todo, el complejo del Tettuccio.
Entre finales del siglo XIX y principios del XX, Montecatini se convirtió en destino de la alta sociedad europea, frecuentada por músicos, escritores y soberanos; los grandes hoteles, los cafés-concierto y la arquitectura Liberty la convierten todavía hoy en una de las ciudades balneario más elegantes del continente.
El corazón de la ciudad es el parque termal, un gran jardín público donde se asientan los establecimientos históricos: Tettuccio, Excelsior, Leopoldine y Redi, cada uno con arquitecturas monumentales, salas decoradas y fuentes de las que brotan diferentes aguas minerales.
A las curas hidropínicas tradicionales se suman hoy centros de bienestar, spas, recorridos sensoriales y tratamientos estéticos, convirtiendo a Montecatini en un destino ideal para quienes buscan relax y wellness en un entorno elegante.
Desde 1898, un característico funicular rojo conecta la ciudad termal con el pueblo medieval de Montecatini Alto, con vagones de época que ascienden la ladera entre olivares y bosques.
En la cima se encuentra un pequeño centro histórico con una plaza panorámica, restos de murallas y torres, restaurantes y bares con espléndidas vistas de la Valdinievole y de las geometrías del parque termal inferior.
Paseando por Viale Verdi se encuentran palacios elegantes, cafés históricos, el Ayuntamiento y el Teatro Verdi, testimonios de la época en la que Montecatini era uno de los salones mundanos de la Belle Époque.
Numerosos edificios en estilo Liberty y Decó, incluyendo hoteles y palacios termales, relatan aún hoy la atmósfera refinada de aquel periodo.
La mesa de Montecatini une los sabores de la Valdinievole y de la tradición toscana: carne a la brasa, sopas campesinas, caza y dulces típicos para maridar con los vinos de la zona y el célebre Vin Santo.
El dulce símbolo de la ciudad son las Cialde di Montecatini: finos discos crujientes a base de harina, leche, huevos y almendras picadas, a menudo presentados en elegantes cajas de hojalata y perfectos para disfrutar con el café o con helado.
Entre los primeros platos tradicionales se encuentra la pappa al pomodoro, una sopa espesa preparada con pan toscano duro, tomate, aceite de oliva virgen extra y albahaca, junto con la ribollita y otras sopas de pan típicas de la cocina pobre toscana.
En los restaurantes de la zona son imprescindibles el chuletón a la florentina (bistecca alla fiorentina), el pollo al mattone y platos de jabalí estofado o con pappardelle, a menudo acompañados de Chianti Montalbano o vinos locales de la Valdinievole.